Mikel Ayestaran, está imputado en en el juicio contra los jóvenes independentistas. A las puertas del juicio, nos ha contado sus vivencias.
En octubre comenzarán dos juicios en la Audiencia Nacional; ¿qué trae eso a Amasa-Villabona?
El primer juicio comenzará el 14 de octubre, que es el de los jóvenes independentistas. Los imputados son 40, yo entre ellos.
Por otro lado, el 17 de octubre empieza el juicio contra las «Herriko taberna» y locales. En este caso, son 110 los locales embargados, y con el juicio buscan cerrarlos y liquidarlos definitivamente. Además, hay 36 personas imputadas en este caso.
Esto afecta directamente al pueblo, pues yo estoy imputado e intentan cerrar Iratzar. Además, hay que tener en cuenta que aparte de los imputados, son muchos las y los vecinos que tendrán que viajar hasta Madrid.
¿El juicio es en cierta manera, un castigo para las y los vecinos?
Los juicios conllevan un esfuerzo económico y personal enorme, aparte de la tensión y las preocupaciones habituales. Para colmo, se prevé que estos juicios sean largos, lo cual hace prever un gasto entre 800.000 y 1 millón de € (desplazamientos y estancias de 76 personas…). En principio, los jóvenes tienen cita hasta diciembre y el caso de las tabernas hasta febrero. De todos modos, es muy probable que se alargue, así que hay que ser paciente. Son muchos los que tendrán que ir a declarar, aparte de los imputados; y eso puede acarrear problemas laborales además del gasto económico y desgaste personal.
¿Se ha diseñado algún mecanismo de apoyo?
Sí, para este y para todos los juicios políticos que surjan, ha nacido la dinámica LIBRE. El lema consta de dos partes: «gatazkatik konponbidera, elkartasunetik konpromisora” (del enfrentamiento a la solución, de la solidaridad al compromiso); la primera parte hace referencia al cambio de los últimos años, invitando al estado a pasar también del confortamiento a la paz. La segunda parte busca activar a los y las vecinas.
Aparte de esta iniciativa popular, los jóvenes imputados estamos coordinados; nos apoyamos mutuamente.
¿Desde cuándo estáis en el caso?
Estamos en el Sumario de los Jóvenes Independentistas, y todo comenzó el 24 de noviembre del 2009. Aquel día 34 jóvenes fuimos detenidos, e incomunicados; 32 de ellos fuimos torturados. Pasamos intervalos diferentes en prisión. Yo, cumplí 8 meses, y salí tras pagar 18.000 € de fianza, a la espera del juicio.
La mayoría nos encontramos en libertad bajo fianza (entre todos hemos pagado 750.000€ en fianzas). Todos esperamos al juicio, y el fiscal pide una suma de 240 años, 6 para cada. En mi caso, al haber cumplido parte, me tocarían 5 años y 4 meses.
¿De qué se os acusa?
Nos acusan de pertenecer a un grupo terrorista (SEGI). El delito es la actividad política, y estar comprometidos con nuestro pueblo. Lo que tienen como pruebas son declaraciones firmadas bajo tortura, no tienen ninguna otra acción de la que acusarnos.
¿Y de dónde viene el caso de las tabernas?
Del año 2002, cuando ilegalizaron Batasuna. Desde entonces se acusa a estos locales de financiar una organización terrorista, y buscan liquidar estos negocios. Junto con los locales hay 36 imputados (los que constituían la mesa de Batasuna), y se les acusa de pertenecer a la organización terrorista.
¿Cuál es tu lectura ante estos juicios?
Que es necesario superar la estrategia del pasado. Queremos construir Euskal Herria libre y desde la paz, y para ello es necesario dejar caminos pasados. Nosotros dimos el paso, y los demás siguen juzgando la actividad política. En el nuevo contexto estos juicios carecen de sentido; si es que alguna vez lo tuvieron…
¿Es posible hacer un nuevo camino a la espera de viejos juicios?
No es fácil. Pero tenemos claro que ese es el camino. Estos cuatro años, tener el juicio pendiente ha condicionado toda mi vida. Todos los proyectos de futuro están pendientes, tanto colectivos como personales. No sabemos qué puede pasar: dentro de cinco años puedo estar en la cárcel, o libre. Y aunque siga mi camino, las secuelas de las torturas me acompañarán siempre.
¿Qué esperas del juicio?
No se puede esperar justicia en un juzgado de excepción. Puede pasar cualquier cosa; además, aunque nos absuelvan no habrá justicia, porque nadie nos devolverá lo arrebatado y lo sufrido.